Entrevista con Gonzalo Barrueto: La vida color Rosa Moribunda

(Fotografía: John Films para Rosa Moribunda)

Desde su formación, en 2017, aparecen en cada cartel de tocata que pueden, dentro y fuera de la región. En el medio se habla de ellos con expectativas y la gente va a escucharlos. El fin de semana mostraron su primer disco de estudio y saben que el 2019 es su año. Rosa Moribunda se sentó a conversar con Niña Provincia sobre sus mejores tiempos y de cómo ven el mundo.

Cuando a Rosa le toca evaluar su corta pero intensa trayectoria, el bien siempre gana en la banda: “Esto ha valido la pena desde que empezó todo, porque aparte que comenzó muy fortuito, porque nunca supimos lo que iba a pasar y lo que estábamos haciendo hasta el día de hoy. Todo ha sido súper rápido. De repente nos vimos tocando en mi casa y después estábamos en el Rockódromo, en el medio escenario, ¿y cómo chucha pasó esto? Entonces sí, bien agradecido, más que otra cosa”.

Gonzalo Barrueto está sentado del otro lado de la mesa, al medio de la cafetería. Ya no queda té en su taza. Sorpresa: cuenta que el primer disco de su banda, Rosa Moribunda, 52, sale la próxima semana –referente al sábado recién pasado–. La entrevista, en realidad, había comenzado con la grabadora en REC hacía unos tres cuartos de hora, pero incluso antes de apretar el botón rojo, Rosa –su álter ego musical– ya había hablado de cómo su amigo del colegio le había presentado a un tío que le gustaba grabar música, y que luego lo bautizaría como Prisionero.

Dice que el Prisionero era un personaje. Que un día le contó la necesidad de querer tocar, y aunque sólo dominaba el violín, aprendió a tocar su teclado a la fuerza, porque él mismo le prometió presentarle unos amigos de su carrera –de Ingeniería en Sonido–, para sacar unos temas y tocar juntos. A lo Quincy Jones, pero “cuma”, por la buena onda y para juntar algunas monedas. Pero eso no más era al principio.

“El primer año, que fue cuando partimos, nos juntábamos como cuatro veces por semana en mi casa, porque ahí tengo los instrumentos y toda la hueá. Teníamos los lunes y los miércoles, onda, que podíamos estar desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la noche ensayando. Y ensayábamos más que la chucha. Y no es hueveo. Harto ensayo igual nos iba a llevar a algo. Al final, nos hizo lograr ese fiato más que otra cosa, y después para empezar a tocar. Hubo un momento que desde octubre del 2017 hasta como diciembre teníamos una tocata por semana, entonces, sea donde sea, decíamos que sí a cualquiera para ganar experiencia”, relata Barrueto.

La formación original sería la prevaleciente hasta la actualidad, excepto por un primer baterista, que duró lo que la misma anécdota se demora en relatarse. Gonzalo “Rosa” Barrueto (voz y coros), Cristián “Cris” Núñez (guitarra eléctrica y electroacústica), Andrés “Sheriff” Valenzuela (bajo), Alejandro “Shaggy” Villarroel (batería) y Matías “Prisionero” Zúñiga (teclados y efectos) dice su vocalista, son compañeros de carrera –excepto por él–, compañeros de banda y a estas alturas, mejores amigos. También está el “ojo mágico” de John Films, hermano de uno de los miembros que los acompaña en todos sus shows, sean grandes o chicos. Él es un quinto integrante: el encargado de registrar sus shows.

Con esto, fue a mediados de 2017 cuando Rosa Moribunda dio el paso de la pieza a los escenarios. Lo hicieron dentro de una pieza, durante una tocata con amigos en Valpo. Interpretaban las canciones escritas por Gonzalo, reversionadas de show en show, e improvisando con lo que se les ocurriera. Así anduvieron deambulando por Valparaíso, Viña, Quilpué, Villa Alemana, La Calera y Quillota. Su nombre circulaba en tocatas porque el Prisionero las buscaba más para el interior, pero como buenos principiantes, casi nadie los conocía, los rechazaban un montón y además que ni un demo tenían para mostrarlo. Este año, en cambio, participaron incluso del Rockódromo, como una de las bandas destacadas de Escuelas de Rock 2018.

– Empezaron como un diamante en bruto. Videos aficionados y demos. Ahora ya cuentan con su primer disco. ¿Qué aspectos han tenido que trabajar o mejorar primordialmente?

Gonzalo: Lo principal fue afiatarnos entre nosotros para lograr algo que queríamos transmitir entre todos hacia la gente, porque la mayoría de los temas estaban hechos por mí y era como mi idea de la canción y mi idea de transmitir algo. Era mi universo, en general. Cuando nos juntamos todos, había que afiatar todos los universos, para poder llevar la canción hacia el mismo camino, ¿cachai? Aunque a nosotros se nos hizo fácil porque congeniamos súper bien, musical y amistosamente. Nos hicimos súper amigos, también y fue cultivar el fiato musical, más que nada y ganar experiencia tocando en vivo.

La gran apuesta

“En el 52 nos vamos a encontrar con mucha música, con muchos colores, porque te vas a dar cuenta que ninguna canción va a ser igual que la otra. Y eso es algo que intentamos buscar, no encasillarnos en alguna categoría. O sea, estamos tocando música y la música es arte, entonces, encasillar algo que es abstracto es como meter una esfera en un cubo. Es imposible. O es posible, pero tienes que amoldarlo y transformarlo en la otra hueá, entonces no nos gusta encasillarnos en ningún tipo de música, por eso también tocamos fusionados, y el disco es eso: hay harta crítica en las letras. No sé si tanta crítica social, pero intentamos reflejar lo que está pasando y lo que mucha gente no se da cuenta”, cuenta Gonzalo sobre el nuevo disco de Rosa Moribunda.

El interés por hacer crítica, recae en la pereza y comodidad que el vocalista aprecia en su generación: “Nos sentimos con esa responsabilidad del cambio, pero del cambio de verdad. Igual la música y el arte en general son los caminos más completos pal’ cambio, o sea, como para las revoluciones en general. Todas las revoluciones siempre van de la mano con el arte: con la música, con la pintura, hasta con la literatura, por lo tanto, es esa responsabilidad de hacerlo. Nosotros somos músicos y lo hacemos a través de la música. Y más acá en Chile, que es un país caracterizado por tener la cagada socialmente, económicamente y culturalmente”, añade.

52 se publicó el sábado a través de YouTube. Este debut es el fruto de todas las ideas primarias que Barrueto quiso expresar a través de canciones. También de las performances en sus innumerables tocatas. Si han visto a la Rosa, probablemente ya conozcan todos los temas de la lista –de un total de ocho– y que incluye a “Domingo VII”, “Loco Alfaro”, “Amor de Papel” y su primer sencillo, “Inestable”.

De R&B, jazz, blues y neo soul; la fusión sonora es característica de cada tema en el álbum. Gonzalo dice todos aportan desde sus influencias: él, desde sus letras y su vibra spinettera; el guitarrista, “que le va poniendo miles de acordes y sustitutos, porque es ultra fan del jazz”; el batero, que es un rockero innato, “le mete poder a la música” e incluso lo compara con Queen y Mike Portney. El bajista, más familiarizado con el funk y el rock, y el Prisio, que adquirió maestría con el teclado.

El elepé lo grabaron en vivo, en tan solo dos días, y justo hace un año, en el Raíces Estudio Creativo (REC) de Limache. Beto Rubiño apostó por ellos, quien además los ayudó en la mezcla y post-producción. Y como los Rosa trabajan por las suyas, todo fue autogestionado. “Más que ayudarnos a producir el disco, se la jugó por nosotros. Nos dio las manos para hacer todo lo que quisiéramos. Al loco le gustó, y se metió demasiado en el proyecto, tanto así que nosotros lo queremos poner y lo estamos poniendo como productor del disco, sin que quizás haya sido tan ‘productor ‘del disco’, se sincera Barrueto al respecto de la valiosa colaboración que les brindó Rubiño.

– ¿Cuál es el actual costo de profesionalizar una banda independiente como Rosa Moribunda? Y no hablo solo de lo monetario.

Gonzalo: El tiempo, más que nada. El tiempo de estudio, el tiempo de gestionar las cosas, de buscar tocatas, de la plata también. Se pierde mucha plata. Desde nuestros bolsillos, claro. No hemos postulado a ningún fondo. Es que igual hemos tenido mucha suerte, y eso es lo otro, es que hemos tenido harta cuea’. De que el mismo proceso de hacer el disco, nos haya salido mucho más barato. Y cuando lo escuchen, se van a dar cuenta que está en una calidad súper pro. Quedó hecho súper profesional y no gastamos tanta plata, así como ni siquiera para postular a un fondo. Fue menos de un palo.

El álter ego

Gonzalo Barrueto es hijo de una familia de músicos. Su papá se ha desempeñado como uno de los “músicos de atrás” y asimismo como profesor. Él, desde pequeño fue influenciado por diversos profesores particulares, quienes siempre lo animaron a continuar en la música. Cuando vivía en Quillota e iba en segundo medio comenzó a externalizarlo y de hecho, toda su formación fue temprana.

Por entonces, sentía todo le inquietaba. “Empecé con hartos temas que ahora hasta me dan vergüenza escucharlos, un poco. Hasta que llegó un año, saliendo de la media (hace unos cuatro años), teniendo más música en la mente, en los oídos, más letras, más léxico, más vocabulario, más palabra que me permitían expresar lo que necesitaba”, dice. Fue por esos días cuando surgió su álter ego: la Rosa Moribunda. Ahora se quiere dedicar 100% a la banda.

– ¿De dónde salió Rosa Moribunda?

Gonzalo: El concepto… Porque nos pintan que vivimos en un mundo color de rosa, pero que aparentemente está vivo, pero que está moribundo, pero no quiero decir que está muerto. O sea, igual está luchando por la vida. Eso es la Rosa Moribunda.

– La teatralidad es una pieza importante de su puesta en escena y de tu interpretación. ¿En qué te inspiras?

Gonzalo: En… en todo (risas). En las letras, es que más encima son muy inspirativas. Es lo que nace, más que otra cosa. No es algo tan rebuscado, es mucho más simple, espontáneo. No es que solo yo lo interprete así: todos nosotros, como Rosa Moribunda, nos basamos mucho en la espontaneidad, y al final es como esto, poh. Es como esta misma conversación que estamos teniendo ahora. Es el vivir el día a día, súper en la improvisación; la improvisación, al final, es algo fundamental en la vida, porque estai creando todo el rato, estai en un proceso creativo constantemente, sobreestimulado por todo. En eso se va transformando el show, y de repente van saliendo cosas que nos las vamos quedando, y se hacen parte del espectáculo.

Igual me pongo en un personaje de la Rosa, para sentir las canciones y para transmitir lo que haya que transmitir al final. Porque son mensajes potentes. Al final, es un reflejo de lo que pasa también, en la sociedad, en el caos, en lo que tiene que pasar.

– Con todo esto, ¿podemos decir que el 2019 es, efectivamente, el año de la Rosa? (Como así lo mencionaron en Facebook)

Gonzalo: Si. El 2019 es el año de la Rosa. Y el año pasado lo dijimos: el 2019 es el año de la Rosa. Fue una profecía, un prefacio. Lo decretamos, fue una decisión y está pasando. Y es una forma de vida, porque al final todos podemos hacerlo. Ese es el mensaje: todos podemos decretar las cosas, todos podemos decidir, todos podemos decir “este es nuestro año”, “este es mi año” y va a ser así, efectivamente.

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