Cola de Zorro + Akinetón Retard y Cómo Asesinar a Felipes: Las posibilidades de una entusiasta vanguardia

Anunciado en redes como un show inédito con tres grandes exponentes de las melodías experimentales y juntos por primera vez en escena, fue a lo que nos enfrentamos el sábado 27 de julio en la ciudad Puerto. Así lo vivimos.

Por Paula Castillo y Tania López.

En la fila, fanáticos, amigos, familiares, colegas músicos, invitados. Era la noche de alta vanguardia que aguardaba al Teatro Municipal de Valparaíso, con anfitriones locales y eminencias capitalinas: Cola de Zorro, los porteños de hipnotizantes fusiones, se sumaban a un cartel original conformado por Akinetón Retard y Cómo Asesinar a Felipes.

Unas 250 personas esperaban entre butacas y el hall de acceso, cuando los localinos saltaron a escena, a eso de las 20.30 horas. El telón se levanta para recibir a Cola de Zorro. Su presencia escénica desborda de la tradicional propuesta de una banda en vivo. La horizontalidad de sus integrantes –con el bajo, los sintetizadores, la batería, guitarra y accesorios ubicados en una hilera– no revela ni egos ni protagonismos. Pues bien, es que ellos tampoco son una agrupación moderada.

En el contexto de su tercer disco, Soma (2018), el repertorio acentúa las bondades de la distorsión a partir de las cuerdas, el espectáculo propio del bajo de César Bernal, la insistencia con los pedales y el sintetizador protagonista de Felipe Medina; éste último, responsable de conceder el resonante suspenso de un loop atmosférico, extendido a lo largo de los 45 minutos que duró el show.

Las expresiones surgen a partir de los muchos sonidos que rememoran sus piezas: desde la fusión de un ambient épico, hasta un rock experimental y guiños psicodélicos. La concentración de sus integrantes pudo demostrar la precisa armonía de un ruido estridente, coherente y profundo.

Son las 21.32 horas y aparece Akineton Retard. Seis músicos en escena -trío de saxos, bajo, guitarra y batería- dan pie a la interpretación de algunas piezas de Azufre (2015), sexto disco de la banda que nos introduce en su ya clásico paisaje sonoro cargado a la psicodelia y lo experimental.

Escuchamos “Plastifilm“, donde la sincronía y diálogo entre los vientos marcan su paso por el Municipal. De un corte mucho más estilístico y reposado de la banda, Vicente García-Huidobro –en la guitarra– menciona que la canción formará parte de su séptimo disco. Este próximo trabajo viene a celebrar sus años de carrera.

Desde allí en adelante, diversos recursos sonoros empiezan a ser más evidentes en la presentación. El eco y la voz marcada por el reverb nos introducen en la última parte. Presentando uno de sus temas inéditos, “Cortinagem”, el ensamble chileno nos encamina en la ruta del rock y el mambo, dejando a relucir su ya característica triada de guitarra, bajo y batería. Así, con una participación magistral, Akinetón Retard finaliza el viaje poniendo en la escena sus 25 años de trayectoria.

El reloj marca las 22.40, Como Asesinar a Felipes sube a escena para cerrar la noche. Al mando de DJ Sp@cio y sus clásicos sampleos de intro, el quinteto llega al Puerto en sus mejores días, en plena gira de su disco Naturaleza Muerta, que lanzaron a principio de mes y con la estelar colaboración de Camila Moreno y Chino Moreno. Su entrada surge con la actitud desafiante que los caracteriza.

De la teatralidad de “Ya perdimos la paciencia” el salto es perplejo hacia “Disparan (Fill the Skies)” que diluye los vientos de Cristián Gallardo con la voz del líder de Deftones. En ese sentido, los arreglos del show mantienen su esencia –y predominancia– en las pistas electrónicas, mientras la batería y el chasquido del bajo se adentran en sus propios tiempos, como muestra del extenso trabajo fusión que ha desempeñado la agrupación.

Hay performances destacadas como la de “III”, con una batería coreográfica, los arreglos en flauta –que han sido incorporados tras la llegada de Gallardo en 2017– e incluso llegando a ser interactiva, con las palmas y la extensión hacia el público. Esta apreciación se añade a “Nada más, nada menos”, cuando los vientos se apoderan de la escena, llegando al final de todo.

Hacia la noche, las aventuras sonoras refrescan la apreciación de la técnica, desde lo más singular, experimental e incluso errático. Es el exquisito privilegio de la vanguardia, contenida en una experiencia insinuante, estimulante y para el deleite de la escena.

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